La Voluntad

Una palabra marchita vino a mi mente. Regados con lágrimas quedaron mis sentimientos, que emborrachados de puro gozo, no supieron distinguir de donde procedía la lluvia salada que los empapaba.

La tristeza se abrió camino sabiéndose fuente verdadera de lágrimas, y ocupó mi mundo para gobernarlo en la oscuridad. Sus armas eran lágriams. Sus amenazas hacían provocar el llanto de mis sentimientos, que creyéndose débiles, sucumbieron a la voluntad de la gran tirana de voz fría.

Mi mundo se fue apagando, y cada vez más se oían las amenazas de la tristeza, amenazas que se clavaban como puñales en el corazón de cada sentimiento, haciéndolo más débil.

Así reinó la tristeza, bajo la amenaza de llenar mi mundo por segunda vez de un mar de lágrimas saladas, bajo el yugo de la oscuridad y la condena de la muerte.

El miedo se hizo amigo de la tristeza y juntos formaron una gran alianza. Compartió su maldad con la tristeza y entre ambos dominaron aquellas regiones de mi mundo que todavía el amor regía. Todo fueron tinieblas, todo era oscuridad.

Pero de repente un sentimiento diminuto produjo un destello, y los demás sentimientos se acercaron a ver quén era, mas no lo encontraron. Al poco tiempo vieron un segundo destello y fueron como rayos al lugar donde este minúsculo sentimiento moraba.

“Es la esperanza”, dijeron. Le rodearon todos y con curiosidad aguardaron a que la esperanza diera su mensaje. Así habló:

“Yo no os puedo obligar a que me escuchéis, pues soy pequeña y débil, pero puedo entrar en las lágrimas y hablar con la sal para pedirle que se vaya, y en sulugar puedo decirle al azúcar que entre y lo que antes era una lágrima salada, será una lágrima dulce”.

Todos los sentimientos quedaron asombrados. El benjamín se había convertido en su salvador.

La tristeza vió el tumulto y se acercó, y con amenazas intentó que los sentimientos se dispersaran, pero éstos decidieron hacer caso de la esperanza y se revelaron contra la tristeza. Ésta, al verse sola, llamó a su amigo, el miedo, y ambos comenzaron a hacer que en mi mundo lloviera un gran mar de lágrimas saladas, pero la esperanza habló con la sal y su lugar fue ocupado por el azúcar, con lo que la lluvia más salada se convirtió en la más dulce caricia que jamás un sentimiento había disfrutado.

Viéndose sin poder, la tristeza y el miedo salieron de mi mundo, y en su lugar, como reina de mi existencia quedó la esperanza, que trajo consigo la luz perdida, quedando mi mundo nuevamente iluminado, y haciendo que el destino pasara de ser el más terrible enemigo, al amigo más fiel que mi existencia nunca tuvo.

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